ME GUSTA...

Me gusta tanto como a tí... Juguemos a disfrutar del placer por el placer. ¿Qué es lo que más te gusta?, ¿Dónde te gusta?, ¿Cómo?. Algunas ideas para.... (Mayores de 18 años.)

lunes, 14 de abril de 2008

Mi Angel...De la serie: RELATOS

Siempre he sabido que estaba ahí. Lo supe cuando me iban a despedir por falta de trabajo en el despacho y él llamó a aquella gran empresa que confió en nosotros y nos permitió alzar el vuelo. Lo supe cuando me mostró la verdadera cara de mi exnovio y le hizo perder los nervios en aquel callejón. En cada momento de mi vida he sabido que estaba ahí. Mi ángel de la guarda siempre me ha protegido. Ahora se que esta aquí.

Esta noche estaba triste, deprimida y él ha venido a animarme. Medio adormilada como estaba en la cama, me he asustado un poco al ver la bruma que ha empezado a envolver el comedor. Las paredes se han ido desvaneciendo hasta convertirse en el escenario de una novela de Allan Poe. La diferencia es que la niebla que me rodea es luminosa. Me envuelve tiernamente, no me asfixia, no me asusta. Me da calor. Sé que él esta aquí y sé que esta intentado reconfortarme. Doy fe de que lo esta consiguiendo.

Alguien se aproxima. Veo su sombra acercarse a mí. Viene despacio, levitando, mantenido por un imperceptible movimiento de sus alas. Atraviesa la neblina. Va mirando al suelo. Se posa sin ningún esfuerzo y levanta la cara. Es guapo, su rostro parece esculpido en la antigua Grecia. El cabello es rubio, poblado con rizos tan pequeños, que parece que no quepan en su cabeza. Sus ojos son de color verde oscuro, muy penetrantes, me dan confianza. Es tan alto. Va desnudo y es cierto que los ángeles no tienen sexo. Sin embargo su cuerpo es perfecto, musculado, pero sin exageraciones. Tan proporcionado que hasta sus pies parecen cincelados en mármol.

No se como lo ha hecho, pero sigo tumbada en la cama aunque ahora estoy desnuda. No siento frío. Tampoco calor. Estoy a gusto. El conoce mi cuerpo perfectamente. Mejor que yo. Esta tan cerca de mí, que hasta me hace creer que respira. Sus alas se pliegan ligeramente y vuelven a abrirse. Repetidamente. La brisa que provoca recorre todo mi cuerpo provocando que se me erice la piel por allá por donde pasa. Se arrodilla, y me mira. Tiene una sonrisa picarona y su mirada es traviesa. Se arranca una pluma y la posa sobre mis pechos. Su suavidad ha hecho se endurezcan. Esta moviéndola en círculos sobre las aureolas y el placer empieza a recorrer mi piel. La mueve lentamente hacia mi cara y me hace cosquillas en los labios. Ahora la esta bajando por mi estomago y las cosquillas son temblores. Cuando llega al pubis no puedo reprimir estremecerme y morderme los labios. Abro mis piernas pero él sigue rozándome con la punta de la pluma por el interior de mis muslos, lentamente, hasta las pantorrillas. Va por una pierna y vuelve por la otra. La tercera vez que repite el movimiento la pluma se para en mi sexo. Se me desliza lentamente, introduciéndose lo justo como para que mi cuerpo se arquee. Retira la pluma y se la coloca en su ala. A perdido su suavidad por que esta mojada.

Se alza y flotando se coloca sobre mí. Me tapa con las alas y me abraza. Yo lo envuelvo con mis piernas. Me siento tan protegida que me asusto cuando me penetra. No es que los ángeles no tengan sexo. Es que tienen el que quieren. Su cuerpo, que me cubre completamente no es pesado, solo noto su mi piel pegada a la suya. Ni siquiera noto como se mueve sobre mí, pero si dentro de mi ser. Delicado y constante unas veces, ardiente y furioso otras, pero siempre inmóvil en el exterior. Me estoy deleitando tanto que desconozco si el tiempo esta pasando o se ha parado. Mis piernas se frotan por su firme trasero a cada vez que se revuelve en mi interior. Separa su torso del mío y me coge la cara por los costados, acariciándome. Me mira como si me amase. Eso es lo que desencadena el éxtasis. Conforme va subiendo mi placer, el va aumentando su ritmo. Voy llenándome de lujuria, estoy llegando al delirio, poco a poco pero tan intensamente que por fin llego con él hasta la gloria.

Me mira tiernamente y se eleva lento, produciendo una mezcla de placer y desencanto cuando sale de mí. Me dice adiós mientras se aleja. La niebla le persigue en un lento torbellino hasta que mi habitación vuelve a aparecer con sus paredes de siempre.

Vuelvo a estar sin compañía, pero no estoy sola, porque se que él esta allá arriba, observándome, presto a socorrerme cuando lo necesite.

Fotografía: Dylan Ricci
P.D.: Muchas gracias a S.C.C. por su inestimable ayuda.

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